La influenza A H3N2 ha registrado un incremento en su circulación a nivel internacional, destacándose en el hemisferio norte durante las últimas semanas. Este virus, que forma parte de la gripe estacional, presenta un notable índice de mutación, lo que favorece la aparición de variantes con mayor facilidad de transmisión. Aunque el virus no es nuevo, la recurrencia y sus cambios genéticos han reavivado preocupaciones en el ámbito sanitario, dado el impacto histórico en adultos mayores, niños pequeños y personas con condiciones médicas preexistentes, especialmente en épocas de alta movilidad y bajas temperaturas.
El virus H3N2 ha sido reconocido durante décadas como uno de los agentes causantes de la gripe estacional. Su capacidad para sufrir alteraciones en su estructura genética puede modificar la respuesta inmunitaria, afectando a individuos que no cuentan con una vacunación reciente o cuyo sistema inmunológico se encuentre debilitado. Los síntomas que se asocian a esta infección incluyen fiebre alta de aparición repentina, tos persistente, dolor de garganta, molestias musculares y articulares, cefalea, fatiga notable, congestión nasal o secreción, y en ocasiones, náuseas o vómitos. Aunque la mayoría de los casos se resuelven en un período de 5 a 7 días, algunos síntomas, como la tos y el cansancio, pueden prolongarse por más tiempo, sobre todo en personas de mayor edad.
A pesar de que la H3N2 no se considera intrínsecamente más letal en comparación con otros subtipos de influenza, se asocia a un aumento en las hospitalizaciones, en particular en mayores de 65 años. Su alta transmisibilidad puede desencadenar complicaciones serias, incluyendo neumonía o el agravamiento de enfermedades crónicas, lo que intensifica la presión sobre los servicios de salud.
En Latinoamérica, la presencia de la influenza A H3N2 se mantiene dentro del patrón típico de virus respiratorios estacionales. Aunque la situación no se ha tornado descontrolada como en algunas áreas del hemisferio norte, diversos países han reportado un incremento sostenido de casos, lo que ha llevado a estrechar la vigilancia epidemiológica. Las autoridades recomiendan medidas preventivas durante periodos de concentración social y cambios estacionales, sin haber declarado aún una emergencia sanitaria en la región.
Los grupos más afectados por este virus son los adultos mayores, niños pequeños, personas con antecedentes de enfermedades respiratorias, cardíacas o inmunológicas, mujeres embarazadas y aquellos individuos con el sistema inmunitario comprometido. En estos casos, la infección puede derivar en hospitalizaciones prolongadas y complicaciones severas.
La estrategia principal para combatir esta amenaza sigue siendo la vacunación anual, que disminuye significativamente el riesgo de complicaciones graves, hospitalización y mortalidad. Complementariamente, se aconseja mantener hábitos de autocuidado, tales como el lavado frecuente de manos, el uso de mascarillas en entornos de elevado riesgo, la correcta ventilación de espacios cerrados y la búsqueda de atención médica ante síntomas persistentes o intensos. La combinación de estas medidas permite un manejo más efectivo de la situación, a pesar de la capacidad del virus de mutar y extenderse rápidamente.
Autor: Roberto Sánchez
